Antes, pues, que se realice la consagración, el pan es pan; pero cuando sobre él descienden las palabras de Jesucristo, que dice: "Esto es mi cuerpo", el pan se convierte en el Cuerpo de Cristo. San Agustín

lunes, 11 de abril de 2011

Informe de Lectura 2

LA MISA DOMINICAL
Josef A. Fungmann.
Dentro del tema a desarrollar en este escrito, podremos encontrar la importancia y la necesidad de la celebración eucarística como el signo donde se nos manifiesta el mismo Dios, el corazón mismo de las acciones litúrgicas; es la misa la que congrega, reúne y convoca a toda la comunidad en torno al altar, no solamente en la semana sino en todos los domingos, los días en que mas especial es la liturgia, ya por su contenido bíblico, sacramental, festivo  etc. Que nos brinda un espacio de comunión y unión con el mismo y único Jesucristo.
Hay muchos quienes acuden a las celebraciones eucarísticas y mas los domingos por tradición más que por fe, sin comprender que es en la misma eucaristía en donde se comprende el misterio del cuerpo y la sangre de Cristo, lo cual nos debe llevar a cuestionarnos si verdaderamente reconocemos en las celebraciones eucarísticas el sacrificio de Cristo, el regalo que él nos dio antes de su muerte, por medio del cual nos configuramos cada día más con él.
Con lo anterior podemos decir como el autor, que no solo es necesario oír misa con devoción para llegar a casa ya bendecidos, esto es verdadero, pero es incompleto, ya que la eucaristía no es un simple acto de escucha y oración, sino que es reconocer en ella la manifestación del mismo Cristo a través del misterio sacrificial de la eucaristía.
A través de los tiempos desde el siglo XVI, se le ha dado distinta importancia y significación a la Iglesia en torno a las celebraciones litúrgicas (misa), destacándola en primer lugar como mysterium  fidei. La misa y la eucaristía como ese misterio de fe, en el cual solo creemos por la fe y no por las simples obras; mas adelante en la edad media se desarrolla la teoría que la misa solo se puede celebrar en los tres idiomas santos en los que fue redactada la inscripción de la cruz, hebreo, griego y latín. La misa era precisamente algo que no pertenece a la tierra y que debe permanecer por encima de ella.
La concepción más delante del concilio Vaticano II nos dará a conocer cómo debemos describir correctamente los recintos de lo sagrado. Quiere llevarnos a todo como lo necesita nuestro tiempo. El más señalado fruto hasta ahora de los trabajos del concilio ha sido, prescindiendo de la misma constitución, que ha comenzado a brillar con nueva luz la imagen de la iglesia. La participación activa de los fieles, la iglesia que mantiene el cuto divino, que ofrece el sacrificio de la misa, es siempre la reunión de los fieles aquí y ahora. Concluyendo: la misa no es solamente el sacrificio de Cristo, que el sacerdote realiza y que los fieles solo tienen que presenciar para recibir su bendición. Es el sacrificio que la iglesia ofrece en conmemoración con Cristo.
La misa viene desde las primeras comunidades cristianas, donde se reunían los partidarios de Jesús para la conmemoración de su pasión, muerte y resurrección, esta conmemoración fue llegando hasta nosotros por medio de la tradición y la liturgia, pues en ella se va haciendo presente cada día el recuerdo y la acción de gracias a Cristo por su sacrificio en la cruz.
La eucaristía por tanto, es ante todo una conmemoración, un recuerdo del único sacrificio del cordero en la cruz, y es por eso que las oraciones que anteriormente eran e otros idiomas, ahora es actual y propio para cada pueblo, estando así en concordancia con este sacrificio, dando gracias por tan soberanos beneficios que tiene Cristo para con nosotros, beneficios que se verán reflejados en la misma eucaristía.
En si toda la misa debería ser una acción de gracias frente a Dios, pues nosotros los seres humanos debemos reconocernos como una nada frente a Dios, y esto lo observamos constantemente en las celebraciones, en especial las misas del domingo, donde reconocemos que somos seguidores de un Cristo que muerto resucito, y que muriendo al pecado renació a la gracia, esta victoria de Cristo sobre la muerte, debe convertirse en el hecho central de nuestra fe, y es por eso que el domingo las eucaristías tienen una celebración más solemne y consientes recordando este misterio que reafirma nuestra fe y permanencias en Cristo.
Antes eran muy importantes, y lo son aun, todos los actos de piedad popular que tiene una comunidad, y que son muy importantes para afianzar la fe, pero es la misa, la eucaristía el medio necesario para encontrarnos con el mismo Cristo, pues en ella recordamos, el misterio pascual de Jesucristo, pasión, muerte y resurrección, que se nos revela a través de los sacramentos continuamente, principalmente en la sagrada eucaristía, centro y culmen de nuestra fe.
En conclusión: debemos renovar el sentido que debe tener para nosotros las celebraciones dominicales, reconociendo hoy y siempre que la santa misa, en la que se junta cada vez cielo y tierra, es realmente una fuente inagotable de fuerza en la que el mismo Cristo Jesús es el sol que no deja de enviar su energía, incansable e inexhausta. Lo que importa es que aprovechemos este manantial de fuerza para nosotros y para nuestro pueblo católico, tenemos la fe puesta en ese Dios que nunca nos dejara y que siempre se nos manifestara en estos actos de fe y piedad.
Informe realizado por: Sergio Esteban Arango Herrera - Carlos Jovanni Correa Serna  

domingo, 3 de abril de 2011

informe de lectura nuevo libro

CAMBIO DE MENTALIDAD

Carlos Castro Cubell, dentro de este escrito, nos dará a entender de una manera muy concreta y sistemática el por qué debemos cambiar de mentalidad acerca de la liturgia en la Iglesia, y como la debemos aceptar y vivir nosotros los cristianos en nuestros actos de fe.
Toda la referencia de este escrito, es tomada y desarrollada en base a los cambios que se dieron en el Concilio Vaticano II, acerca de la liturgia en la Iglesia. Es de felicitar la labor intrépida que emprendió el entonces papa Juan XXIII, quien se encargo de dar inicio a esta nueva etapa que cambiaria a la Iglesia y en concreto a la liturgia.
Debemos tener en cuenta que una mentalidad como nos la define el autor es: “ese fondo o manojo de convicciones que nosotros tenemos, ese modo de reaccionar frente a los hechos y de producirlos también, y que constituyen nuestro mas intimo ser”, es precisamente lo que realiza el Concilio, en donde todos los obispos, tuvieron a bien unificar una mentalidad, en torno al culto y a la acción litúrgica  de la Iglesia, que se encuentran compendiadas, en los documentos eclesiales.
Es precisamente a raíz de esta mentalidad y normas que nacieron dentro del Concilio Vaticano II, que estamos llamados a cambiar en muchos aspectos, frente al sentido verdadero de la liturgia, esta es la problemática de hoy, poder aceptar estos cambios, que están fundados desde la misma doctrina eclesial, y que nos hacen comprender algunos puntos fundamentales de nuestra fe, culto y acciones litúrgicas, como un querer de Dios para su pueblo.
Dentro de estos cambios, podemos destacar, que en la liturgia, debemos conocer a Cristo como la revelación de Dios padre en medio de su pueblo, que se nos hace presente en las acciones litúrgicas, más concretamente en la eucaristía, en ese contacto que nosotros hacemos con él a través de estos misterios, es donde Cristo mismo se nos revela y se nos manifiesta constantemente.  La liturgia a su vez, antes que una cosa a definir es un acto, es una revelación, la liturgia no es solamente una ceremonia, es muchos más, es el acto de revelación, en donde el protagonista es Dios.
en la liturgia de la Iglesia, encontramos, que la celebración la concebimos como la reunión de un grupo de personas entorno a Cristo y el celebrante, mentalidad preconciliar que tenemos que tener que cambiar, ya que la celebración, es un acto mucho más profundo, que hay que abordar en el lenguaje y en la mentalidad estrictamente religiosa, reconociendo en el celebrante es un mediador de Cristo y el pueblo, el único que participa de el sacrificio de Cristo; Sino que todos en torno  al altar, estamos llamados a participar de esa celebración, a través de actos concretos como la proclamación y escucha de la palabra, la recensión de los sacramentos, la comunión, etc., que no se convierten en meros signos y que nos ayudan a vivir este misterio de la liturgia, que es el mismo Cristo.
Así pues tocamos otro tema de gran importancia al momento de explicar los cambios que han de surgir en la liturgia y que debemos aceptar, la cual anteriormente se basaba simplemente en signos que nos manifestaban la grandeza y presencia de Dios, hoy en día mas que un signo, es la vivencia propia de los sacramentos, que se convierten en los mayores signos de la liturgia, en donde podemos notar la manifestación y la presencia del mismo Dios en nuestra fe y actos litúrgicos.
A través de la vivencia de los sacramentos, podemos tener un encuentro de manera personal con un Dios que nos ama y se quiso dar a conocer al ser humano por medio de la revelación. Pero a veces nuestra, digámosle así, ignorancia nos lleva a darle más importancia a lo exterior reflejada en los signos, que a la misma revelación y participación en los sacramentos.
En este cambio de mentalidad, observamos que la pascua se nos muestra como la catequesis más perfecta, pues una catequesis tiene que partir de la acción misma de Cristo resucitado; de hecho todos los sacramentos como signos parten de la resurrección. Dentro de nuestra vida religiosa debemos estar prestos al encuentro con Cristo, sin importar los modos o las acciones. Dios quiso revelarse al hombre para manifestarle su amor, el amor que nosotros agradecemos por medio de la acción litúrgica; todos sabemos que Jesucristo es la revelación del Padre, y que es el culmen y centro de nuestra vida Cristiana.
Finalmente dentro de este cambio de mentalidad podemos concluir, que la liturgia es siempre liturgia cósmica, la liturgia no es yo vivo y además ago liturgia, sino que vivo por la liturgia, nos ha tocado vivir un cambio de religiosidad, de mentalidad religiosa, basada en el redescubrimiento objetivo de los actos de la revelación y que implica que nos enriquezcamos con todo este sentido, descubriendo principalmente el paso de Dios entre nosotros, en la forma concreta que él ha querido hacerse presente. Tiene que redespertarse en nosotros la vibración, la trepidación por lo fulgurante, por lo insólito de la presencia de Dios entre nosotros. Tenemos que redescubrir en definitiva el valor sagrado de las cosas de la tierra, en cuanto que son el significado de la presencia de Dios y tenemos que convertir nuestra mentalidad en una capacidad de vibración por esta presencia por los causes objetivos que la Iglesia nos ofrece. La liturgia cósmica, que nosotros tenemos que vivir, como en otros siglos en la Iglesia, nos exige mucho trabajo, mucha oración. Un cambio de mentalidad un nuevo modo de vivir la religiosidad cristiana que nos tocara a nosotros experimentar en nuestras Iglesias y experiencias litúrgicas.

lunes, 28 de marzo de 2011

ENSAYO: ACTIVIDAD DE APRENDIZAJE

GENERALIDADES ACERCA DE LA LITURGIA.

El estudio de la sagrada liturgia, debe ser de gran importancia para la formación de los sacerdotes, quienes se encargan de administrar los bienes de Dios en su pueblo, por medio de acciones y momentos, que deben estar observados dentro de unos aspectos netamente litúrgicos, para entenderse como verdadera comunicación del hombre con su Dios.
Para encontrar el verdadero sentido de la liturgia, en la historia de la Iglesia, es preciso entrar a definir dicha palabra, significado que nos muestra claramente el cardenal Sodano: “Se llama liturgia al culto público de la Iglesia, efectuado como Iglesia, en nombre de la Iglesia y en comunión con la Iglesia. Este incluye ritos y ceremonias con que expresamos el culto a Dios. La liturgia principal es la Santa Misa”. “A través de los signos sacramentales bebemos de las fuentes de la salvación para ser plasmados y transformados hasta conformar nuestra vida con la de Cristo”. Esto es precisamente lo que consideramos como liturgia, y es a través de la historia que se ha llegado a la actualización de este concepto.
Durante muchas épocas, el concepto de liturgia a avanzado y cambiando desde la misma historia de la salvación, en donde se identifica la liturgia con el culto, a demás de que es a través del culto en donde se da adoración a  Dios, es ese culto, el que permite un desarrollo litúrgico posterior, con la  aparición del templo, lugar de oración, en el cual se debían llevar alguno ritos, que debían partir de un sentido litúrgico, mas allá de esas primeras manifestaciones de culto, podemos observar a través de los tiempos y épocas especificas, como ha evolucionado dicho concepto de liturgia, pasando de una concepción de que la liturgia y el culto era propio de unos sacerdotes, a pasar al concepto renacentista de que la liturgia y el culto, es la manifestación de fe de un pueblo para con su Dios. Además dentro de esta historia del concepto se dieron muchas reformas dentro del culto mismo, en donde la liturgia llega a comprenderse como la manifestación de fe a través de actos litúrgicos específicos, organizados, que nos permiten tener una mejor comunicación con Dios desde la misma comunión con mi iglesia, mi liturgia y mis hermanos.
Definitivamente en los últimos siglos, se ha llegado a una concepción clara acerca del concepto de liturgia, que se nos manifiesta como celebración que se centra tanto en el acontecimiento salvífico, como en la dimensión formal de la ritualidad cristiana, sin olvidar su finalidad a favor de los hombres, reconociendo así a la liturgia como misterio, como acción y como vida de plenitud de los fieles a través del culto con su Dios.
Esta finalidad del concepto, nos muestra cual es el sentido del culto cristiano, que es la manifestación clara y concreta de fe y entrega, sin dejar a un lado la importancia y el contenido litúrgico que estas expresiones litúrgicas contiene, que no son simples cultos de adoración, sino que en si tienen un profundo sentido teológico, que nos permite descubrir la importancia de la liturgia en la obra salvífica del hombre.
La sacramentalidad de la liturgia en la Iglesia, se comprende también desde el punto de vista que Jesús es Sacramento del Padre, Cristo es el primer sacramento y raíz de todos los sacramentos cristianos. Cristo es sacramento, por el hecho de ser Hijo de Dios encarnado, por sus obras en su acción mesiánica y salvadora, y por los actos que realiza Cristo y manifiesta el poder de Dios y la Presencia del Espíritu Santo. La vivencia de los sacramentos en las acciones litúrgicas nos lleva a un fin, y es a alcanzar una verdadera configuración con Cristo, quien en definitiva se debe convertir en la finalidad y plenitud de nuestra vida cristiana.
Es a través de este estudio del sentido Cristino del culto, que entramos a mirar un principio teológico fundamental, en esta teoría acerca de la liturgia, se nos indica que la misma liturgia es una autentica obra del Padre, el hijo y el espíritu santo, reconociendo así que la liturgia es siempre don divino de la Iglesia, y obra de esta inefable trinidad en la existencia misma de los hombres, frente al culto religioso, expresión del deseo del hombre de acercarse a Dios, la liturgia cristiana ase parte de la automanifestación del Padre y de su amor infinito hacia los hombres, por Jesucristo en el espíritu santo. La dimensión trinitaria de la liturgia constituye el principio teológico fundamental de su naturaleza, y la primera ley de toda celebración.
Es gracias a esta manifestación del padre en el hijo por el Espíritu Santo, que la liturgia se convierte en economía de la salvación, ya que ella misma con todo lo que la precede, la conversión y la fe, y con todo lo que la sigue que tiene un sentido de vida moral, es el modo presente y actual en la corriente histórica de la salvación como realización del designio del padre a favor de los hombres , la economía de la salvación que en un determinado momento  se nos es revelada en la sagrada escritura como economía del misterio, tiene su continuidad en la economía sacramenta. Esto hace que se nos distingan momentos o tiempos sucesivos en la relación histórica del designio salvífico del padre, que se nos manifiesta diariamente y para el cual lo importante y verdaderamente esencial, es que el hombre aprenda a vivir y tener un verdadero sentido de la fe y de su culto litúrgico en la propia vida y existencia, que le permitirá ir alcanzando su propia salvación, como un designio de Dios para los hombres.
Posteriormente, para hacer viva esta manifestación del fe, el culto, desde la acción litúrgica, la misma liturgia contiene un sentido de sacramentalidad, que la podemos ver manifestada en las acciones y celebraciones eucarísticas, las cuales con sus cultos, momentos de piedad, acciones litúrgicas, etc. nos ayudan a tener una mejor vivencia del misterio pascual de Cristo, que se convierte en medio y cumbre de nuestra fe cristiana.
En todas las religiones encontramos ceremonias y solemnidades, que presentan entre sí grandes coincidencias y ponen de manifiesto el anhelo innato del hombre de entrar en afinidad con Dios. Nosotros los cristianos tenemos una iniciativa libre, y gratuita a Dios que él mismo nos manifiesta a través de símbolos litúrgicos propios, que nos sirven para tener una mejor vivencia de su misterio en nuestras vidas.
Finalmente a la luz del concilio Vaticano II tomamos el concepto de liturgia, para tener un verdadero conocimiento de este término a la luz de la doctrina de la Iglesia: “la liturgia es obra de Cristo principalmente y de la Iglesia, y la liturgia tiene como finalidad la santificación de los hombres y el culto al Padre, de modos que el sacerdocio de Cristo se realiza en dos aspectos, ésta liturgia pertenece al pueblo de DIOS, que en virtud de su bautismo es sacerdocio real con el derecho y el deber de participar de las acciones litúrgicas. La liturgia es fuente y  culmen de la vida de la Iglesia. (SC 10).
La noción de la liturgia que nos brinda el Vaticano II, destaca los siguientes aspectos:
a) la liturgia es obra de Cristo total, de Cristo primariamente, y de la Iglesia por asociación.
b) la liturgia tiene como finalidad la santificación de los hombres y el culto al padre.
c) la liturgia pertenece a todo el pueblo de Dios, que en virtud del bautismo es sacerdocio real con el derecho y el deber de participar en las acciones litúrgicas.
d) la liturgia, en cuanto constituida por “gestos y palabras” que significan y realizan eficazmente la salvación, es ella misma un acontecimiento en el que se manifiesta la Iglesia, sacramento del verbo encarnado.
e) la liturgia configura y determina el tiempo de la Iglesia desde el punto de vista escatológico; f) por todo lo anterior, la liturgia es “fuente y cumbre de la vida de la Iglesia”.
En síntesis, la liturgia se puede definir como la función santificadora y cultual de la Iglesia, esposa y cuerpo sacerdotal del Verbo encarnado, para continuar en el tiempo la obra de Cristo por medio de los signos que lo hacen presente hasta su venida.

sábado, 26 de marzo de 2011

CAPÍTULO SEGUNDO

CAPÍTULO II
MÚSICA Y LITURGIA
Durante el texto, el Papa nos da a conocer la importancia que tiene la utilización de cánticos y acordes musicales en la liturgia.  Estos nos permiten interiorizar mejor la liturgia y favorecen un ambiente de oración, recogimiento y encuentro con Dios.
Dentro de la liturgia, el hombre está en comunión con el Señor.  Cuando se llega a una relación tan intima con Dios, no basta con el lenguaje hablado, sino que mediante los gestos, las acciones y los sonidos, se puede tener la constante comunicación con la trascendencia.
Esta es la razón, del por qué el canto se encuentra dispuesto en el culto, pues, se nos muestra a lo largo de la historia de la salvación relatada en la Biblia; en ella observamos, pues, que las primeras manifestaciones de cántico que se presentan en el culto cristiano, parten de las alabanzas que le prodigaba el pueblo de Israel a su Dios, como una acción de gracias por librarlos de la esclavitud, porque creen en el Señor y su grandeza.  El pueblo tiene la necesidad de dar gracias no sólo con sacrificios y ofrendas, sino a través de los salmos y cánticos, en los que se ve plasmada la benevolencia y magnificencia de Dios para con su pueblo.
El significado y la aplicación de estos cánticos, las vemos reflejado y explicadas en diversos libros de la Biblia como el Apocalipsis.  Es el caso de las visiones: los profetas y los sabios, retoman estos cánticos como medios de acción de gracias y de alabanzas a Dios y sus grandezas que se han de manifestar en su pueblo, que podemos identificar como los cánticos al cordero.
Otro de los libros en donde está presente la concepción de cántico, es el libro de los salmos, que son poesías hechas plegarias, que de un modo lirico, son escritos, que manifiestan diversas manifestaciones de fe, acción de gracias, petición, alabanza, etc. La vida entera se refleja en este canto que se despliega como un diálogo con Dios.
Dentro de las manifestaciones de estos cánticos o poemas, surge la necesidad de poner a estos un ritmo musical, que solo parte del poder del Espíritu Santo, que sabiamente ha dispuesto por medio de sus servidores como David, para enseñar a cantar a la Iglesia. Este cántico, se convierte en la música eclesiástica, que surge como un carisma o como don del mismo Espíritu. Es así pues que encontramos también una mutua relación entre amor y canción que se ve reflejado en el Antiguo Testamento en el libro el Cantar de los Cantares como pieza inspirada y que manifiesta en sus versos y poemas los cánticos a Dios. El canto de la Iglesia procede, en último termino, del amor. Es el amor el que, desde lo más profundo de su ser, origina el cántico. Cantar es un gesto propio del amor. Así nos encontramos con el sentido teológico trinitario de la música sacra: el Espíritu Santo es el amor, y Él inspira el canto. Él es el espíritu de Cristo, nos arrastra al amor de Cristo y de esta manera nos conduce al Padre.
Luego que el Papa nos explicara la importancia del canto desde distintos textos bíblicos, nos muestra a grandes rasgos, el camino histórico de la música litúrgica, en la que se puede encontrar un amplio paralelismo con el desarrollo que se dio en la cuestión sobre las imágenes. De esta manera nos da a conocer el influjo de la música sacra en el Este, territorio que se halla bajo el influjo bizantino, en donde se sigue practicando la música vocal. En el Occidente, en el ámbito eslavo, se extiende la música polifónica. En el Oeste, se desarrolla el canto sálmico, alcanzándose en el gregoriano una altura, que ha quedado como norma para la música sacra, o música que la Iglesia usa en la liturgia. Todo lo visto, tiene una razón de ser en el hecho de que la Iglesia asume la realidad del tiempo como símbolo de la pascua de Cristo. Por aquel tiempo, la música se enajena de la liturgia.
A raíz de este proceso histórico, el Papa nos indica cómo la música en la actualidad constituye el inicio de cuestiones más radicales propias de nuestros días. Se menciona la mundialización cultural que se presenta ante la iglesia como  tarea a realizar. Este es lo que nos compete a la Iglesia de hoy, tomar conceptos actuales y tratar de cristianizarlos y culturizarlos. En la actualidad son muchos los géneros musicales como el pop y el rock, que son expresión de las masas, distintas a las  expresiones clásicas de las que se apoya la liturgia cristiana, expresiones de interioridad donde el Espíritu Santo continúa haciendo su acción salvífica.
Finalmente tomamos unas referencias que nos ayudan a comprender que la música del culto cristiano, se halla en relación con el Logos, desde tres puntos de referencia:
1- La música está en relación con las actuaciones de Dios testimoniadas por la Biblia ya actualizadas por la liturgia.
2- Toda oración, pero de manera especial el canto y la música, ante la presencia de Dios que sobrepasa las palabras, son un regalo del Espíritu. El Espíritu es el amor mismo que origina en nosotros nuestro amor y nos lleva a elevar a la potestad de cántico, cosas más grandes y esenciales.
3- La palabra hecha carne en Cristo -el logos- no es solo una fuerza que confiere sentido a la existencia de cada uno, ni siquiera a la totalidad de la historia. Se trata del sentido creador, del cual todo procede y que, a su vez, es reflejo del todo, del cosmos.

martes, 22 de marzo de 2011

CAPITULO III: EL ALTAR Y LA ORIENTACIÓN DE LA ORACIÓN DENTRO DE LA LITURGIA.

EL ALTAR Y LA ORIENTACIÓN DE LA ORACIÓN DENTRO DE LA LITURGIA.
Continuando con la lectura, podemos observar que este capítulo está muy ligado al anterior, en donde se le da la importancia más que al templo como estructura arquitectónica, sino mas como el lugar santo en el que está presente el señor.
El templo se ha convertido en un lugar de expresiones arquitectónico, las cuales no nos pueden llevar al que el templo se convierta en algo meramente cultural como un museo, no el templo desde sus esculturas, pinturas, etc. Nos debe invitar a entronizarnos más en ese misterio redentor de Cristo, todo esto nos debe invitar a entrar en una comunión más personal e intima con Dios que se encuesta no solo en este lugar santo, sino en cada uno de nosotros.
El templo se convierte en un lugar con espacios determinados, espacios que tienen sus características propias como el lugar de la palabra, desde el cual se proclama el evangelio y las enseñanzas de Jesús, el bautisterio, donde cada uno de nosotros nos unimos a la iglesia y somos iniciados en esta fe, el confesionario, como lugar de arrepentimiento y de reconciliación en donde todos por medio del sacerdote nos reconciliamos con nuestro hermano y por ende con nuestro Dios, y los lugares de la piedad popular, que no pueden desplazar nuestra centralidad que es el mismo Jesucristo y sobre todo su sacrificio que dentro de la eucaristía tiene lugar en el altar, convirtiéndose este en uno de los lugares principales del templo.
El papa a lo largo de este capítulo nos invita a que miremos en el templo y más específicamente en el altar, el lugar esencial en donde se realiza el sacrificio de la eucaristía, y en donde Cristo a través del sacerdote se hace vivo y presente, pero el santo padre nos pide que devolvamos a Cristo tal centralidad, ya que lo hemos ido relegando a un lado del altar, no, el Cristo debe presidir ese sacrificio, sin importar que este oculte un poco al celebrante, este es un llamado a que miremos en Cristo el principio y fin de nuestra vida y de nuestro sacrificio, en pocas palabra el santo padre nos ayuda a redescubrir lo esencial y de una u otra forma a que redireccionemos el sentido de nuestra participación dentro de las celebraciones eucarística y dentro de nuestra vida de oración.
Cuando se esta celebrando en comunidad el papa nos da a conocer que es necesario mirar siempre al Este, ya que Cristo es el sol naciente, es mirando así este punto cardinal, que reconocemos en el sol, que es  Cristo  el que ha de venir. Sol naciente  de justicia que nunca tendrá fin.

CAPITULO II: LUGARES SAGRADOS.

LUGARES SAGRADOS. SIGNIFICADO DEL TEMPLO.
Durante todo el contenido del capítulo II el autor, nos quiere mostrar desde un proceso histórico cual es la importancia del templo desde la cultura occidental hasta la cultura oriental, el templo desde antiguo se ha convertido en el lugar de encuentro y de oración en el cual hay un lugar destinado a la adoración de Dios.
La funcionalidad del templo es poder brindar un lugar digno de la presencia y estadía de Dios y de quienes lo veneramos, el templo se convierte en un espacio sagrado al cual nos dirigimos a orar o a compartir o dar tributo a nuestro Señor. El templo antiguo, es equivalente a la Iglesia actual y cristiana, lugar en el que nos congregamos como comunidad, lugar en el que tenemos un encuentro más intimo con nuestro Dios.
El templo se ve íntimamente relacionado con la sinagoga, ya que es un lugar que se utiliza con los mismos fines del templo, es optado por la cultura cristiana como lugar que nos facilita estar en contacto con nuestro Dios, a través de la palabra y el seguimiento de la ley, ya que ir al templo nos es de gran facilidad.
La sinagoga tenía una estructura determinada, dentro de la cual, se encuentran unos espacios propios para la realización de actos específicos dentro del rito a seguir, lugares como el espacio de la palabra y la promulgación de la ley, un espacio sagrado, en el cual se conservaba una especie de arca de la alianza, todos estos espacios primordiales y necesarios que se encontraban dentro de la sinagoga, tenían que estar construidos en dirección al templo, lugar privilegiado y santo donde habitaba Dios.
La sinagoga la podemos comparar con nuestros templos, los cuales tienen desde su estructura unos espacios concretos como el de la palabra, en donde se promulgan los evangelios, el altar, en donde se hace ese sacrificio de la fracción del pan y el vino, convirtiéndose en el cuerpo y sangre de Jesucristo, uno de los lugares centrales de nuestros templos y todos estos espacios procuran mirar al Este, en donde nace el sol, con el cual se representa a Cristo, sol naciente y que siempre está presente en entre nosotros.
Finalmente el templo o la Iglesia  se distinguen de la sinagoga porque no excluye a nadie, todos, hombres como mujeres, tienen un espacio importante dentro de la liturgia y dentro de la participación de fe que se hace en los lugares sagrados. Todos somos imagen de Dios por tanto todos somos iguales a los ojos de Él.